Por qué los bebés no deberían tomar infusiones (ni siquiera las «especiales» para ellos)

Muchas familias me preguntan si le vendría bien a su bebé darle las famosas infusiones para «calmar» determinadas molestias, que no siempre son molestias del bebé, sino también de los padres. Preparados del tipo «Digest» o «Sueño» o «Para el estreñimiento».

Yo siempre tengo la misma respuesta:

«Por mi parte, no sólo no te las voy a recomendar, sino que además, te las desaconsejo. No sirven para nada e incluso son perjudiciales»

¿Hinojo y manzanilla para el cólico?

El cólico del lactante se define como «llanto inconsolable durante al menos 3 horas, 3 días a la semana, entre los 15 días y los 4 meses de vida». Una época en la que el bebé necesita mucho contacto, mucha teta, poco estímulo externo, poca visita.

Las sociedades en las que el bebé tiene contacto continuo con el adulto y es alimentado a demanda, y en las que permanece poco tiempo tumbado y poco o nada separado de sus figuras de apego, el cólico del lactante simplemente, NO EXISTE.

Hemos adjudicado al cólico del lactante la etiqueta de «dolor abdominal», o «gases», cuando nadie sabe aún qué es. Lo que está claro es que produce un malestar profundo en el bebé y en sus padres. 

El hecho de que estos episodios aparezcan fundamentalmente a última hora de la tarde, hace que algunos autores apunten a una hiperestimulación acumulada durante el día, que el bebé no es capaz de gestionar y le produce un estrés, que somatiza en forma de malestar físico, al parecer dolor abdominal. El llanto prolongado, además, le produce aún más estrés, lo cual retroalimenta la situación de malestar.

Otros estudios hablan de deficiencias en la microbiota intestinal (lactobacilos) entre bebés con cólico y bebés sin cólico. Parece ser que los bebés que no tienen cólico tienen el doble de lactobacilos. Por ello, a veces se baraja el tratamiento de los bebés con cólicos con probióticos como el L. Reuteri.

Lo primero que hay que hacer ante un bebé con llanto es descartar otras causas:

  • Reflujo gastroesofágico
  • Garantizar que tiene sus necesidades básicas cubiertas
  • Alimentación correcta en cantidad, forma y técnica
  • Intolerancia a la lactosa
  • Intolerancia o alergia a la proteína de leche de vaca
  • Otras causas de enfermedad

Otros problemas para los que estos «preparados» son la supuesta solución

Sueño. Un bebé de dos meses se despierta varias veces (o muchas) en la noche. Esto es normal y necesario. Debe hacerlo. Necesita comer muy frecuentemente para garantizar su crecimiento, y sus despertares son propios de su maduración neurológica.

Si tu bebé se despierta muchas veces en la noche quizá tú sí tengas un problema de descanso, pero a él no le pasa nada. Sólo hace lo que le toca.

Los bebés no deben recibir infusiones para dormir más

Estreñimiento. Cuando un bebé tiene «problemas para hacer caca», la mayoría de las veces no es un estreñimiento real.

Si el bebé ve disminuida la frecuencia de las cacas es porque a partir del mes de vida, ya no hacen caca cada vez que comen (reflejo gastrocólico), sino que pueden llegar a hacerla cada varios días. Cuando al fin la hacen, la caca tiene la consistencia de siempre, líquida o semilíquida.  Si le notamos incómodo, podemos ayudar con un masaje abdominal cuando esté tranquilo.

Otra de las cosas que perciben los padres es que cuando el bebé va a hacer caca parece que le cuesta o le duele. Esto puede deberse a la inmadurez del tracto digestivo y tratarse de una disquecia del lactante.

¿Qué es disquecia?

Se define como unos minutos de esfuerzo y llanto antes de la emisión de heces. Se debe a que por inmadurez, a pesar del esfuerzo del bebé, el esfínter anal se mantiene cerrado y de ahí la percepción de dificultad y molestia para hacer caca.

El estreñimiento real se da si el bebé, además de hacer caca pocas veces, la hiciera seca y dura (como bolitas de caca de cabra o textura plastilina).

Los bebés sin estreñimiento hacen caca líquida o semilíquida si toman lactancia materna, y un poco más espesa (como pomada), cuando toman lactancia artificial. 

 

Ante todo esto, entenderéis que una infusión donde la mayoría es azúcar (sí, azúcar puro), no tiene ningún efecto sobre el problema. A veces, casualmente, el bebé se calma, quizá por el sabor tan dulce (en algunas técnicas sanitarias dolorosas a bebés a veces se usan unas gotas de sacarosa como analgesia, para lo que también tengo mis reparos, sobre todo con bebés amamantados), o simplemente por mera casualidad. Por lo tanto, y como decimos muchas veces, casualidad no es igual a causalidad.

No digo nada nuevo ni que me esté inventando, por mucho que le pese a los de las marcas comerciales que me traen muestras a la consulta. Solo hay que darle la vuelta al sobrecito de muestra de infusión que aún meten en la canastilla de turno, o que algunos pediatras/enfermeras todavía dan a los padres, y echar un ojo a la composición.

Indica que de 100 gramos de producto, 95 corresponden a dextrosa, osea, azúcar! Si le damos un vaso de agua con un par de cucharadas soperas de azúcar común, o un vaso de coca-cola, estaríamos dando un producto parecido.

¿Aún no te lo crees? Mira, mira

La dosis para bebés de hasta 2 meses es de 1 cucharada de café colmada (unos 2,5 g) en 50 ml de agua. Si el 95% es dextrosa, 2.37 gramos del preparado son puro azúcar.

Recomiendan una dosis máxima de 3 tomas diarias, por lo que un bebé de menos de 2 meses estaría recibiendo más de 7 gramos de azúcar al día (una cucharada sopera colmada son unos 10 gramos), y por tanto calorías vacías, sin ningún aporte nutricional, incrementando su riesgo de desarrollar obesidad o diabetes, y desplazando tomas de leche al llenar su estómago diminuto con agua y azúcar.

Ni qué decir tiene que además, las hierbas no son inocuas por ser «naturales». Algunas como el hinojo (presente en estos preparados) o el anís estrellado producen afectación en el sistema nervioso del bebé. Incluso para la madre lactante están contraindicadas.

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