Esto es lo que ocurre en el intestino del bebé al tomar leche materna

Nils Bergman, en artículos como “Los mil primeros días de vida determinan la existencia“, dice que

“La separación madre-bebé después del parto y durante el primer periodo crítico (incluso con grandes prematuros) crea un estrés tóxico que provoca cambios hormonales, metabólicos y cognitivos que afectan a la salud y la duración de la vida“.

Esto está ampliamente recogido en documentos de gran interés como «Maternidad y salud. Ciencia, conciencia y experiencia» publicado por el Ministerio de Sanidad en el marco del Plan de Calidad del SNS, realizado por investigadores españoles de gran prestigio en el campo de la neurociencia.

Es decir, el bebé necesita estar con su madre y recibir su leche como alimentación, porque es lo que su organismo espera, y para lo que está preparado. Todo lo que contrarie a esta situación, no es inocuo.

Al nacimiento, el intestino de un recién nacido es prácticamente estéril, o como se puede leer en algunos artículos, es microbiológica e inmunológicamente «virgen». Otra característica muy importante es que las uniones intercelulares de la mucosa del intestino delgado están abiertas, permitiendo el paso al torrente sanguíneo de macromoléculas. Ésto es lo que se conoce como permeabilidad intestinal.

Esta peculiaridad del intestino del bebé le beneficia en algunos aspectos, como a la hora de permitir el paso de IgA del calostro, anticuerpo por excelencia presente en la leche materna, y que se encuentra en cantidad muy superior en el calostro si lo comparamos con la de la leche madura, a pesar de encontrarse también en cantidad nada desdeñable. Por ello, la permeabilidad intestinal en el periodo neonatal es mucho mayor, para permitir esa «primera vacuna» proporcionada de forma natural por el calostro de la madre, lo cual constituye el fenómeno de adquisión de la inmunidad pasiva por excelencia.

Estas uniones intercelulares van cerrándose a lo largo de los primeros meses de vida. El fin de este proceso ocurre en torno a los 6 meses, ha sido denominado “cierre intestinal” (“gut closure”).

De ahí la importancia de mantener una lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses.

Los niveles de Ig A se modifican a lo largo de los 14 días postparto, siendo la cantidad aproximada de IgA del calostro de unos 1700 mg por cada 100 ml, y de unos 100 mg por 100ml en la leche madura (Lawrence, 1989).

Pero así como los anticuerpos pueden traspasar esa barrera y pasar a la circulación sistémica dotando al bebé de inmunidad, hay otro tipo de moléculas y células que también lo hacen, como agentes patógenos o proteínas determinadas que llevan a una sensibilización del sistema inmune ante determinados alimentos (1).

Este cierre se produce de forma más tardía en lactantes alimentados con LA, por lo que la exposición a patógenos y alérgenos es mayor.

Por lo tanto, esta peculiaridad del intestino lactante, no sólo permite el paso de anticuerpos y otras sustancias, sino que la flora con la que se va poblando a través de la ruta entero-mamaria, lo tapiza protegiendo frente a esa permeabilidad y crean un ambiente idóneo que impide la supervivencia de bacterias patógenas.

Sabemos que el intestino del lactante se coloniza con la flora de la leche materna, procedente de la ruta enteromamaria,  la cual une intestino materno y glándula mamaria a través del sistema linfático, haciendo que la leche materna contenga la flora intestinal beneficiosa de la madre, y el bebé se colonice  a través de la lactancia, construyendo así su propia flora intestinal y sistema inmune (2).

Por lo tanto, si el intestino del bebé se va tapizando con la flora de la leche de su madre, y va cerrando las uniones intercelulares de la mucosa para evitar la entrada de patógenos y alérgenos, ¿qué ocurre cuando el bebé toma fórmula adaptada (leche artificial)?

 

Una de las patologías neonatales graves más importantes asociadas a la alimentación enteral con fórmula adaptada, es la ECN (enterocolitis necrotizante). Existen 2 factores fuertemente asociados a la causa de la enfermedad: la prematuridad y la alimentación con leche artificial. A continuación, un fragmento de un artículo sobre el tema:

“La predisposición de estos niños pudiera explicarse por la inmadurez de su tracto gastrointestinal con función luminal limitada que conlleva una absorción parcial de carbohidratos y grasas así como proliferación bacteriana, mayor permeabilidad de la mucosa e hipomotilidad. Junto a ello, existe inmadurez de los sistemas defensivos sistémicos y de la mucosa intestinal, entre otros la IgA secretora y la barrera de mucina (…) Se ha descrito un efecto protector de la leche materna en comparación con diferentes fórmulas artificiales” (3)

A menudo solemos escuchar frases como «un biberón no significa nada». Pues bien, según la evidencia disponible, interrumpir una lactancia materna exclusiva para dar fórmula, significa:

  • Un cambio de la flora intestinal casi en el acto
  • Aumento de la permeabilidad intestinal a patógenos retrasando el cierre de las uniones
  • Lesiones en la mucosa intestinal que se han descrito como microhemorragias
  •  Cambio de la inmunidad de por vida
  •  Se ha descrito una gran sensibilidad sobre todo los 7 primeros días de vida

«Sólo son necesarias pequeñas cantidades de fórmula o alimentos complementarios antes de lo debido para producir un cambio en el ph intestinal y provocar la destrucción de las inmunoglobulinas que la superficie mucosa tenía como escudo, haciéndolo más permeable». (4)

Las bacterias, endotoxinas (subproductos tóxicos del metabolismo de ciertas bacterias, y proteínas, se deslizan hacia el torrente sanguíneo, causando con ello que el sistema inmunológico ponga en marcha una respuesta inflamatoria, la creación de anticuerpos para esa sustancia, ya que reconoce esto como un ataque, por ser una sustancia desconocida y ajena. RESULTADO: una alergia.

«Esta inflamación  resultante, que afecta a todo el cuerpo, puede llevar con el tiempo a un síndrome metabólico y gran  número de las enfermedades crónicas que se han vinculado a la misma» (Pollan 2013).

Por lo tanto, «Sólo un suplemento de fórmula por 24 horas dará lugar a un cambio casi inmediato para la flora intestinal – en el que las buenas bacterias (bifidobacterias) ya no son dominantes»

Como resultado, tenemos un bebé más propenso a alergias y otras enfermedades

Este proceso ha sido descrito del siguiente modo, resumiendo:

  • La fórmula infantil contiene proteínas de leche de vaca (PLV), que privan al intestino de su flora.
  • Las PLV en sí son alérgenos y son capaces de pasar al torrente sanguíneo del bebé, por lo que los bebés susceptibles reaccionarán con alergias comunes como el asma y el eccema.
  • No todos son susceptibles, pero para aquellos que lo son, la sensibilización puede causar batallas de toda la vida con alergias.

Es habitual ver dermatitis atópica y trastornos digestivos en bebés alimentados con leche artificial.

En mi experiencia como asesora de lactancia y también  como enfermera, me he encontrado con niños con APLV que debutan tras meses de lactancia materna, al iniciar por una u otra causa con leche artificial o directamente con leche de vaca. Muchos de estos niños fueron suplementados al inicio de su vida de forma puntual con leche artificial, momento en el cual se sensibilizaron, sin saberlo, debido al fenómeno de permeabilidad intestinal del que venimos hablando en este artículo. Por ello, cuando hay que suplementar por el motivo que sea a un bebé, existe un orden de prioridad muy claro:

1° opción: leche materna extraída

2° opción: leche materna donada (ni habitual, ni fácil)

3° opción: leche hidrolizada

4° opción: leche artificial común

Y os preguntaréis, ¿Se puede reparar el daño?

Según afirman estos investigadores:

 «Si la leche materna se da exclusivamente de nuevo, llevaría de 2 a 4 semanas para el medio ambiente intestinal el volver de nuevo a un estado favoreciendo el crecimiento de la flora sana (Brown y Bosworth; Gerstley, Howell, Nagel)

Sin embargo, el bebé sí ha podido sensibilizarse a la proteína de la leche de vaca.

En esta tabla vemos una comparación entre calostro, leche materna y leche de vaca. Cabe destacar, que la leche de vaca contiene mucha más caseína y Beta-lactoglobulina (responsables del poder alergénico de la LV), apenas trazas de lactoferrina y lisozima, y ni punto de comparación en cuanto a Ig o ácidos grasos esenciales.

No debemos subestimar los riesgos de la alimentación con sucedáneos de leche materna. Disponemos de amplia evidencia que los pone de manifiesto, hasta tal punto que su venta, publicidad y distribución está regulada por el Código de comercialización de sucedáneos de leche materna. 

En caso de que las familias opten por dar leche artificial como decisión, nuestra obligación como profesionales sanitarios es informar de estos riesgos, como lo hacemos con otras cuestiones de salud.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

(1) Roth, M. “Building a healthy gut for baby”

(2)Fernández L, Rodríguez JM. “Bacterias lácticas de la leche humana”

(3)Fernández I, De las Cuevas, I. “Enterocolitis necrotizante neonatal”. Boletín pediatría 2006; 46(SUPL. 1): 172-178. Acceso on line en http://www.sccalp.org/boletin/46_supl1/BolPediatr2006_46_supl1_172-178.pdf

(4)Walker, M. Just one bottle won’t hurt — or will it? Supplementation of the breastfed baby. Acceso online en http://www.health-e-learning.com/articles/JustOneBottle.pdf

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